Una mañana reciente, me subí a un Uber para acudir a una conferencia de inteligencia artificial (IA) en el MIT (EE. UU.). El conductor me preguntó cuánto tardarían los vehículos autónomos en quitarle su trabajo. Le dije que sucedería dentro de entre unos 15 y 20 años. Suspiró aliviado y dijo: “Bueno, para entonces ya me habré jubilado”.

Menos mal que no estábamos en China. La misma pregunta en ese país hubiera tenido una respuesta diferente. Habría tenido que decirle que iba a perder su empleo en unos 10 o 15 años si tenía suerte.

Esto podría sorprender, pero China está haciendo un esfuerzo inmenso en la carrera de la inteligencia artificial. Y su fuerte competencia contra otras potencias como EE.UU. garantiza que la tecnología llegará, antes o después, independientemente de dónde se produzca.

Pronto quedará claro la inteligencia artificial y los robots pueden hacer la mitad de nuestros trabajos casi mejor que nosotros y casi sin coste.  Será la transición más rápida que la humanidad ha experimentado, y nadie está preparado para ella.

Pero el país asiático tiene, como mínimo, un 50% de posibilidades deganar la carrera de la IA, por cuatro motivos.

  1. China tiene un enorme ejército de jóvenes dedicados a la inteligencia artificial. En la última década, el número de publicaciones de IA de autores chinos se ha duplicado. Los jóvenes ingenieros de IA de Face++, empresa china de reconocimiento facial, recientemente ganó tres desafíos de visión artificial, por delante de los equipos de Google, Microsoft, Facebook y la Universidad Carnegie Mellon (Estados Unidos).
  2. China tiene más datos que cualquier otro país, muchos más. Los datos son el alimento principal de la inteligencia artificial. Un científico muy bueno con una tonelada de datos vencerá a un súper científico con una cantidad modesta de datos. China tiene a la mayoría de teléfonos móviles y usuarios de internet en el mundo, tres veces más que EE.UU. Pero la brecha es aún mayor debido al uso que la gente da a sus aparatos en el país asiático. Allí la gente no lleva efectivo. Pagan todas sus facturas de servicios públicos con sus teléfonos. Pueden hacer todas sus compras en sus teléfonos. Salen del trabajo y abren una app para pedir comida a domicilio. Cuando llegan a casa, la comida ya está allí. En China, las bicicletas compartidas generan 30 terabytes de datos de sensores en sus 50 millones de viajes que se pagan cada día, es decir, aproximadamente 300 veces más que los datos que se generan en los EE. UU.
  3. Las compañías chinas de inteligencia artificial han superado la fase de imitación y se han instalado en la creación. Hace quince años, casi todas las empresas decentes de China simplemente copiaban la funcionalidad, la apariencia y la sensación de los productos que se ofrecían en Occidente. Pero a base de copiar, las empresas aprendieron a gestionar sus propios productos, y ya han pasado a la siguiente etapa: superar a sus rivales en el extranjero. Incluso hoy, Weibo es mejor que Twitter; WeChat ofrece una experiencia mucho mejor que Facebook Messenger.
  4. Las políticas gubernamentales están acelerando la inteligencia artificial en China. El plan del Gobierno chino consiste en ponerse al día con EE. UU. en tecnología y aplicaciones de IA para 2020, y convertirse en un centro global de innovación de IA para 2030. En octubre el presidente Xi Jinping dio un discurso en el que defendía que internet, el big data y la inteligencia artificial debían estar más integrados en la economía del mundo real. Y en caso de que se lo pregunte, los discursos en China no suelen quedarse en papel mojado, como ya demostraron otras políticas previas centradas en el desarrollo del tren de alta velocidad, el movimiento empresarial y la innovación. En otros países, las palabras se las suele llevar el viento o se quedan atascadas en procesos burocrátricos.

El ascenso de China como superpotencia de la inteligencia artificial no solo es un gran reto para sí misma. La competencia entre EE.UU. y China ha provocado avances tan intensos que será imposible detener esta tendencia. El cambio será masivo y no todo será bueno. La desigualdad aumentará. Como mi conductor de Uber ya ha intuido, la inteligencia artificial destruirá una gran cantidad de puestos de trabajo, lo que causará descontento social. Considere el software AlphaGo de Google DeepMind, que venció a los mejores jugadores humanos del juego de tablero Go a principios de 2016. Posteriormente fue superado por AlphaGo Zero, presentado en 2017, que aprendió jugando contra sí mismo y en 40 días ya superaba a todas las versiones anteriores. Ahora imagine que estas mejoras se aplican en áreas como el servicio al cliente, el telemarketing, las cadenas de montaje, la recepción, la conducción de camiones y otros trabajos manuales y administrativos. Pronto quedará claro la inteligencia artificial y los robots pueden hacer la mitad de nuestros trabajos casi mejor que nosotros y casi sin coste. Será la transición más rápida que la humanidad ha experimentado, y nadie está preparado para ella.

No todo el mundo coincide conmigo. Algunas personas defienden que falta mucho tiempo para que los empleos desaparezcan, ya que muchos trabajos solo serán reemplazados parcialmente, y las empresas intentarán redistribuir a los empleados desplazados internamente. Pero incluso si esto es cierto, no detendrá lo inevitable. Otros nos recuerdan que cada revolución tecnológica ha creado nuevos empleos mientras otros eran destruidos. Pero es peligroso asumir que ahora va a pasar lo mismo.

Luego están los optimistas natos que piensan que la inteligencia artificial combinada con los humanos debería ser mejor que cualquiera de los dos por sí solas. Esto será cierto para ciertas profesiones, como la medicina y la abogacía, pero la mayoría de trabajos no caerán en esa categoría. Los que se quedan fuera son trabajos rutinarios que se realizan en solitario; aquí es donde la inteligencia artificial supera a la humana por un margen amplio.

Otros piensan que la renta básica universal es nuestra única salvación. Dicen cosas como: “Tome el dinero extra que se ha generado gracias a la inteligencia artificial y distribúyalo entre las personas que perdieron sus trabajos”, y: “Este ingreso adicional ayudará a las personas a encontrar su nuevo camino y a reemplazar otros tipos de bienestar social”. Pero la renta básica universal no soluciona la pérdida de dignidad de las personas ni satisface su necesidad de sentirse útiles. Solo es una forma conveniente para que un beneficiario de la revolución de la inteligencia artificial se siente y no haga nada.

Y, por último, están aquellos que rechazan cualquier desventaja asociada a la inteligencia artificial, y que es precisamente la postura que están adoptando muchas grandes empresas de inteligencia artificial. Es lamentable que los expertos en inteligencia artificial no intenten resolver el problema. Lo que es peor, e increíblemente egoísta, es que en realidad se niegan a reconocer que el problema existe.

Estos cambios están por venir y debemos decir la verdad y toda la verdad.Necesitamos encontrar los trabajos que la inteligencia artificial no puede hacer y capacitar a las personas para hacerlos.Necesitamos reinventar la educación. Estos serán los mejores y los peores años. Si actuamos de forma racional y rápida, podremos disfrutar de lo mejor en lugar de revolcarnos en lo peor.

Kai-Fu Lee es el fundador y CEO de Sinovation Ventures y presidente del Instituto de Inteligencia Artificial Sinovation Ventures.